Si me preguntan por la figura más influyente del retail español del siglo XX, lo tengo claro: César Rodríguez. Y cuando habló de César Rodríguez y El Corte Inglés, no lo hago por un motivo familiar, lo hago porque cambió el rumbo del comercio en España.
Entendió antes que muchos que el retail no es sólo vender; es método, cultura y conexión entre talento, capital y operación. Fue un conector único entre Cuba y España, entre La Habana y Madrid, y entre tres proyectos que marcaron época.
La relación entre César Rodríguez y El Corte Inglés es clave para entender cómo se modernizó el gran almacén en España.
La historia arranca en El Encanto (La Habana), donde el hermano de mi bisabuela entró en 1900 como “cañonero”, es decir, un botones. Y de ahí, ascendió a una velocidad inusual: dependiente mayor (1901), interesado (1902), socio industrial (1903) y gerente en 1906.
Allí aprendió a vender, pero también orquestó producto, escena, servicio y control mucho antes de que habláramos de KPIs. Por sus pasillos pasaron su primo Pepín Fernández (futuro fundador de Galerías Preciados) y su sobrino Ramón Areces (pilar de El Corte Inglés).
Ese vínculo fue decisivo. César apoyó financieramente a Pepín a su regreso a España (1934) y, un año después, cofundó El Corte Inglés (1935). Desde entonces, César Rodríguez y El Corte Inglés caminaron juntos: fue primer presidente y principal accionista hasta 1966, con Ramón Areces como gerente.
Así, en una sola biografía confluyen los tres grandes relatos del gran almacén hispano del siglo XX. Por eso hablar de César es hablar de cómo se moderniza un país desde sus tiendas.
Diez lecciones de gestión
César Rodríguez nos dejó lecciones de management, hábitos que explican resultados y que cualquiera puede aplicar hoy:
1. Promoción interna real
Entrar desde abajo te enseña el oficio. César demostró que el mérito acelera carreras: promocionar pronto cuando hay resultados crea cultura de exigencia y oportunidad.
2. Remangarse siempre
Vender, revisar escaparates, ordenar la tienda y el almacén, pasar revista a cada departamento. El presidente que pisa el terreno ve lo que los informes esconden y puede corregir antes.
3. Ser rainmaker: activar ventas
César sabía “levantar” una sección, con surtido, precio, escena y equipo alineados. Los resultados llegan cuando toda la cadena empuja en la misma dirección.
4. Autodisciplina diaria
Levantarse temprano, gimnasio, café, ventas repasadas y jornada con los deberes hechos. La disciplina personal se contagia y ordena la empresa.
5. Austeridad y autofinanciación
Hay que crecer con caja, no con una deuda frágil. El Corte Inglés se expandió autofinanciándose, mientras otras compañías se ahogaron por apalancamiento. La prudencia da libertad.
6. Aprendizaje continuo
Observar a otros, viajar y visitar ciudades como Nueva York al menos una vez al año. La calle y la comparación suben el listón. Copiar lo que funciona y mejorarlo es hacer una buena gestión, no es nada malo.
7. Olfato para el talento
César decía: “El hombre de más valía para una empresa es el más difícil”. Hay que rodearse de gente que lleva la contraria con criterio, porque el mejor consejo es el que incomoda a tiempo.
8. Humildad operativa
Agacharse a recoger alfileres en el suelo y responder a un cliente: “Sí, trabajo aquí; soy el más viejo de los empleados” era algo habitual en César. El ejemplo educa mejor que cualquier manual.
9. Detalle obsesivo
Anotar “gazapos” y “felicitaciones” adoptando la mirada del cliente. Lo que no se escribe se olvida; lo que se mide mejora. El detalle sostiene la reputación.
10. Red y comunicación
Hay que tener amigos en todas partes, usar un tono pausado, preguntas abiertas y practicar la escucha. Una red sólida resuelve crisis y acelera proyectos cuando más falta hace.
Qué puede aplicar hoy cualquier empresa
Traigo el legado de César a mi día a día con cinco recordatorios operativos:
- Mérito visible. Carreras con pasos definidos y ascensos que se explican. Si la promoción no es clara, el mérito se pierde y baja la motivación.
- Liderazgo en tienda. El comité ve slides; el cliente ve escaparates, colas y probadores. Las decisiones importantes nacen en la sala.
- Caja antes que épica. Priorizar lo que mejora el margen y la experiencia. La épica sin caja dura un suspiro; la caja con método se mantiene décadas.
- Talento que debate. Gente que discrepa con datos. La mejor lealtad es la que previene errores, no la que los aplaude.
- Ritual de mejora. Reuniones breves, métricas que importan, acción al día siguiente. El reset semanal vale más que un plan perfecto que llega tarde.
César Rodríguez no fue un mito. Fue un operador que conectó capital, talento y método entre Cuba y España. Tejió un ecosistema del que salieron tres modelos que aún estudiamos.
Por eso, cuando pienso en liderazgo operativo, vuelvo a César Rodríguez y El Corte Inglés: método, disciplina y una cadena de detalles bien coordinados. Su lección se puede sintetizar en que la excelencia diaria transforma negocios y, con el tiempo, transforma sectores.
La tienda como escuela
A César Rodríguez lo recuerdo como el directivo que entendió que una tienda bien hecha es una escuela de país. Subió a muchos, exigió a todos y dejó una forma de trabajar que, décadas después, sigue funcionando.
Si hoy tuviera que resumir su legado en una frase, sería ésta: hacer comercio es coordinar detalles con obsesión. Quien gobierna esa cadena, gana.